Recuerdo las cenas de verano donde el pescado blanco, recién sacado del mar, era el protagonista indiscutible de nuestra mesa. Tenía una textura suave, casi dulce, y un sabor tan limpio que apenas necesitaba compañía. Después, desapareció de nuestras listas de la compra, eclipsado por opciones más comerciales. Sin embargo, estamos pasando por alto una joya local que es mucho más versátil de lo que recordamos.
La delicadeza del lenguado
El lenguado es ese habitante de los fondos marinos que muchos han ignorado injustamente. A diferencia del salmón o el atún, que dominan las estanterías de los supermercados por pura inercia, este pescado ofrece una carne firme y pura sin ese regusto intenso que suele echar para atrás a los que no son muy amigos de lo marino.
Muchas pescaderas de mercado, esas que conocen el producto mejor que nadie, lo confirman: el que prueba el lenguado con la mente abierta, repite. Su secreto reside en su discreción; no es un pescado que quiera ser el centro de una cena sofisticada, pero es exactamente lo que buscas cuando quieres comer bien sin complicaciones.
Cocinarlo es más sencillo de lo que crees
El problema es que hemos complicado demasiado la cocina diaria. El lenguado no necesita especias exóticas ni marinados de horas. La regla de oro es la sencillez, porque su carne es tan agradecida que cualquier exceso la arruina.

- Pasado por un poco de harina y vuelta y vuelta en la sartén para conseguir una piel crujiente.
- Al horno con una rodaja de limón, mantequilla y un manojo de eneldo fresco.
- Al vapor, para mantener su jugosidad intacta si buscas una opción ultraligera.
Por cierto, si decides hacerlo a la plancha, no te excedas con el tiempo. Basta con un par de minutos por lado para que mantenga su punto perfecto. Si lo haces bien, las espinas se separan con una facilidad pasmosa, algo que los padres agradecen mucho cuando hay niños en casa.
Ligero, nutritivo y para todos
Desde el punto de vista nutricional, es un aliado que solemos dejar de lado. Con apenas 90 calorías por cada cien gramos, es una fuente excelente de proteínas de alta calidad, yodo y fósforo. Es esa comida que te deja satisfecho pero no te deja sensación de pesadez.
Es curioso cómo las tendencias culinarias nos obligan a buscar pescados caros y complejos cuando, a veces, la mejor respuesta está en el mostrador más cercano de nuestra pescadería habitual. La calidad no siempre significa precio alto o exotismo.
¿Cómo elegir el mejor ejemplar?
No tiene pérdida si sigues el instinto de los expertos. Busca ojos brillantes y claros; si el ojo del pescado se ve opaco o hundido, déjalo pasar, ya no está en su mejor momento. La piel debe verse húmeda y, al tacto, la carne debe ser elástica y firme.
¿Qué te detiene a la hora de comprar este tipo de pescado local? ¿Es el miedo a las espinas o simplemente que nadie te había contado lo sencillo que es darle un buen uso en casa? Me encantaría saber tu opinión en los comentarios.