¿Has visto en redes sociales imágenes de especies que se creían desaparecidas en el río Moldava? Muchos se lanzan a la orilla con sus móviles esperando capturar un momento único, pero lo que encuentran no siempre es lo esperado. Si creías que verías un castor en Praga, te sorprenderás al ver que un familiar cercano, y no tan deseado, ha tomado protagonismo.

Aunque es cierto que el castor está regresando a nuestras costas, es más probable que te encuentres con otro gran mamífero peludo: la coipú. Y aquí viene lo curioso: mucha gente las alimenta con zanahorias o pan para obtener una foto perfecta. Sin embargo, hay razones de peso por las que deberías pensártelo dos veces antes de compartir tu merienda.

Uno es de aquí, el otro... es un invasor

Puede que te preguntes por qué no deberías alimentar a estos simpáticos animales. Las razones son válidas y tienen que ver con la salud de nuestro ecosistema.

Conoce a los verdaderos habitantes del Moldava

El castor europeo (Castor fiber) fue efectivamente erradicado en Praga en el pasado. La caza excesiva por su piel y carne, incluso considerada plato de Cuaresma por la Iglesia, llevó a su extinción local alrededor del siglo XVIII. Sin embargo, el castor ha regresado. Se registró su presencia en Praga desde 2015, y actualmente se estima que entre cien y ciento cincuenta ejemplares habitan la ciudad. El problema es que son criaturas extremadamente tímidas y nocturnas, por lo que ver uno es un golpe de suerte.

Por otro lado, la coipú (Myocastor coypus) es originaria de Sudamérica. No pertenece a nuestro ecosistema; es un claro ejemplo de invasión, no de recuperación natural.

¿Cómo diferenciar al castor de la coipú?

Aunque tienen diferencias notables, la tarea se complica cuando solo ves una parte de ellos bajo el agua. La clave está en la cola:

  • La cola del castor es plana y ancha, similar a una pala.
  • La cola de la coipú es larga, redonda y recuerda a la de una rata.

Otra pista distintiva se encuentra en sus dientes. Las coipús tienen característicos dientes incisivos de color naranja, lo cual no es signo de enfermedad, sino una adaptación natural.

Qué animal

Finalmente, su comportamiento te dará la respuesta. Si el castor es esquivo, la coipú, en cambio, parece disfrutar de la interacción humana, especialmente si hay comida involucrada.

El origen de las coipús en nuestro país

Podrías pensar que las coipús llegaron a través de alguna cría ilegal, algo que hemos visto ocurrir en décadas recientes. Sin embargo, la historia aquí es más compleja y tiene un toque soviético. En la década de 1980, Checoslovaquia era una potencia en la producción de pieles de coipú, llegando a generar hasta 600.000 pieles al año. Incluso se rumorea que su carne se servía como dieta en hospitales.

Tras el cambio de régimen, miles de coipús quedaron abandonadas en estas granjas. Algunas escaparon, otras fueron liberadas deliberadamente. Gracias a nuestro clima templado y a la abundancia de corredores fluviales, las coipús no solo sobrevivieron, sino que prosperaron y llegaron hasta Praga.

¿Dónde es casi seguro que te encontrarás coipús en Praga?

Si tu objetivo es ver coipús, hay lugares en Praga donde el encuentro es casi una garantía. Las familias de coipús suelen frecuentar la zona de Podolí, cerca de la estación de bombeo de agua, y la Isla de San Esteban (Střelecký ostrov). Aquí, las coipús están tan acostumbradas a la gente que incluso salen del agua y se ponen de pie para llamar tu atención, esperando un bocado.

¡Pero ojo! En Praga está prohibido alimentar a las coipús. Las multas pueden ser severas: desde 1.000 CZK en el momento hasta 20.000 CZK en un proceso administrativo. ¿Por qué son tan estrictos los castigos?

  • Atraen alimañas: Dejar comida en la orilla no solo atrae a las coipús, sino también a las ratas, que no son deseables en entornos urbanos.
  • Especie invasora y depredadora: Las coipús tienen un apetito insaciable y son responsables de la destrucción del junco, hogar vital para patos, fochas y otras aves acuáticas.
  • Daños a la infraestructura: A pesar de su apariencia inofensiva, las coipús pueden causar destrozos significativos. Cavando túneles de hasta 20 metros, dañan aceras, carriles bici, redes subterráneas e incluso las raíces de árboles maduros.
  • Riesgos para la salud: Acercarse o intentar acariciar a una coipú puede ser peligroso. Son portadoras de enfermedades como la hepatitis de las ratas, salmonela y diversos parásitos. Un toque amistoso podría salirte muy caro.

Así que, aunque la noticia del regreso del castor a Praga es cierta, en las orillas del Moldava te encontrarás principalmente con coipús. Por favor, resiste la tentación de compartir tu comida. La naturaleza, y probablemente tu salud, te lo agradecerán.

¿Alguna vez te has encontrado cara a cara con una coipú o has intentado diferenciarla de un castor? ¡Comparte tu experiencia en los comentarios!